CUENTOS

2-/ COMO SE ESTUDIA SIN PAPEL

Esta historia es verídica y hace referencia y da respuesta a la pizarra que me entregó mi maestro SAHOLEN  y que tengo en la mesa de mi consulta.

 

Antiguamente, el papel era escaso y muy caro. Era difícil subir papel a dos o tres mil metros de altitud: la materia prima escaseaba y el papel acababa siendo un bien demasiado efímero para merecer los grandes esfuerzos que  suponía. Una vez gastada, una hoja ya no podía ser reutilizada. Así, en la formación de los alumnos se usaban pizarras de arena como soporte, y una herramienta, la escoba plana, para trabajar en ella. Podía cumplir con las dos funciones lógicas y necesarias: escribir y borrar. La escoba plana, o “en forma de T”, estaba formada por un palo horizontal, que servía para borrar o, de hecho, APLANAR la arena, mientras que el palo largo y vertical tenía una punta fina al otro extremo que servía para trazar en ella.

Esta consistía en una caja plana, de muy poca altura, que acostumbraba a llevar grabada en los laterales el nombre de su propietario. A veces pasaba de padres a hijos, aunque lo más normal era que pasara de hermano mayor a hermano pequeño sucesivamente. Era normal que en una familia no pudiera estudiar más que un hijo a la vez, puesto que tenían que trabajar en el campo y en la casa.

La cajita en cuestión estaba llena de arena fina que formaba una capa cuan más uniforme y plana mejor.

Mi maestro SHAOLEN también tenía una. La usó en su época de estudiante. Cuando estuvo en el DZONG de CHIU TADOR en la ciudad de PARO con su maestro TSESHINAG JAMSA TSIPHU, tenían un curioso proceder que les ahorraba cualquier necesidad de papel, y así me lo contó:

El alumno, con su pizarra, aguardaba su turno en fila tras el maestro mientras éste visitaba a sus pacientes. El maestro Tseshinag ocupaba el centro de la mesa de observación y diagnóstico. Saholen, como los demás alumnos, también dejaba su pizarra delante del maestro al llegar su turno. El maestro, con el paciente enfrente, preguntaba, observaba y diagnosticaba unas plantas, remedios y ejercicios, además de los puntos de acupuntura necesarios según su conclusión.

Todo lo anotaba en la pizarra con el curioso lápiz que servía a la vez de goma de borrar: la lista de plantas, las cantidades de cada una y el método de preparación y también cómo y cuándo debían tomarse. La elección de los puntos, el método de inserción, la profundidad y el tiempo de la sesión.

Mientras tanto, le era entregada al maestro otra pizarra, la del siguiente alumno, y otro paciente se sentaba ante él, así como su alumno a su derecha. Cuando la receta estaba escrita ya con la receta de las plantas y los puntos acupunturales, el alumno, extremadamente atento a lo largo de la consulta, acompañaba al paciente a la silla o a la mesa, dependiendo de los puntos a tratar, y ejercía la acupunción. Una vez clavadas las agujas el alumno escribía, esta vez a tinta, el nombre de las plantas, la cantidad  y las mesuras para la mezcla, así como el método de ingestión, ya fuera en forma de infusión o en cataplasmas, vapores, ungüentos, etc. Y lo hacía en un trozo de tela, que tenia bordado en la parte superior el nombre del maestro en remedios y tratamientos TSESHINAG JAMSA TSIPHU.

Una vez el paciente llegaba a su pueblo, le entregaba “LA RECETA” al herbolario y éste le preparaba la mezcla de plantas según era prescrito en ésta.

Una vez cumplida su función, el trozo de tela era lavado y preparado para la siguiente visita.

He aquí como no se gastaba papel en las visitas médicas.

 

 

 

 

 

1-/ EL TRABAJO DE NUESTRO CAMINO (COMO TERAPEUTAS)

Un hombre caminaba por la vida, cuando en un momento distraído caminado rápido y sin prestar atención por donde pasaba, cayo dentro del foso de la enfermedad.

En ese momento comenzó a gritar.

-Eh! Que alguien me saque de este foso donde he caído. Yo solo no puedo salir.

Cerca del lugar paso un vendedor desplazándose de un lugar a otro.

-¿Le puedo venderle algo, señor?

-Necesito un médico. ¿Es usted medico?

-No señor yo soy vendedor.

-Entonces no le necesito. Gracias.

Al poco pasó otra persona cerca. Y al oír los gritos de auxilio se acerco y le ofreció su ayuda.

-¿Y usted que es?

-Yo soy peluquera, ¿Quiere que le arregle el pelo?

-No gracias yo necesito un medico.

Pasaron varias personas cerca del necesitado, todos con diferentes oficios. Pero ninguno de ellos podía ayudar a nuestro accidentado señor.

Después de unas horas se acerco alguien diciendo.

-He oído que necesita usted ayuda, soy médico. ¿Puedo ayudarle en algo?

-Si, baje aquí y ayúdeme a salir de este foso, que yo solo no puedo salir.

-Verá señor, si bajo ahí con usted seremos dos con problemas para salir. Coja usted mi cuerda (consejos, alimentos, medicamentos, tratamientos) y yo le ayudaré a salir. Pero es usted quien tiene que coger la cuerda y trabajar para salir de su enfermedad

SI QUIERES AYUDAR A TUS PACIENTES, NO PUEDES UNDIRTE CON SU ENFERMEDAD.

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